El Poder del Desorden

Me compré este libro en una de mis habituales visitas a la librería.  Me llamó la atención (DEMASIADO) el título. Y voy a empezar por decir, que por más cautivante que sea el título, el libro es de lectura lenta y un poco aburrida pues tiende a ser “muy científico”.  Sin embargo,  tiene algunas lecciones importantes que les cuento a continuación.

La premisa completa del libro, escrito por Tim Harford,  es que la falta de estructura (el desorden) promueve la creatividad.  Y capítulo tras capítulo, el autor busca probar esa premisa con ejemplos de los más diversos campos: la música, el diseño, el mundo corporativo, el militar, la política, etc.

En general, el libro busca poner en perspectiva al desorden frente al orden, no se trata de una invitación al caos, sino más bien de una reflexión interesante sobre los beneficios que el  desorden puede aportar a ciertos aspectos de la vida.

En un primer capítulo habla de la creatividad y de cómo los cerebros dispersos tienen mayor capacidad para lograrla por su tendencia innata a hacer conexiones poco lógicas.  Cuando nos mantenemos alertas y alejados del aburrimiento es cuando más la promovemos.

Posiblemente mi lección favorita de todo el libro tiene que ver con el fracaso: Harford presenta el fracaso como una disciplina que aporta herramientas y nuevos conocimientos que pueden ser utilizados en otras áreas de la vida.   Los conocimientos en un campo nos pueden ayudar a resolver problemas de otro campo totalmente distinto. Precisamente mantener el cerebro activo, siempre en acción, hace que la creatividad aparezca con mayor facilidad y en los momentos menos esperados.

Otra de las ideas que promueve el libro es la colaboración para alimentar la creatividad.  Pero no la colaboración con personas conocidas o que realizan prácticas similares a la nuestra, sino colaboraciones con personas desconocidas y de ámbitos ajenos, desconocidos, para mantener al cerebro abierto a nuevas ideas.  La diferencia ayuda. El autor propone salirnos de las burbujas que validan nuestras ideas y exponernos a lo que nos incomoda y nos cuestiona para encender la chispa creativa.

Tim Harford aconseja que a los empleados se les dé libertad para (des)organizar su lugar de trabajo como les plazca, pues esto los motiva, los empodera.  Los espacios inocuos son considerados opresivos. Similar al punto anterior, el autor premia los edificios que propician los encuentros aleatorios entre personas, ya sea porque así fueron diseñados o porque son “laberintos” en los  que la gente se pierde y acaba encontrando lo que no estaba buscando.

Uno de los ejemplos más interesantes que ofrece el libro tiene que ver con lo militar / político e implica una estrategia donde se crea caos para confundir al oponente y a partir de ese desorden y el tiempo que le toma al oponente descifrarlo, la contraparte toma ventaja para obtener lo que quiere. Este método premia a la velocidad sobre la perfección.  Y se dice que fue el método utilizado por Trump para ganar la campaña presidencial en los Estados Unidos. 

Otro de los casos llamativos tiene que ver con el desorden vial y como a veces este nos obliga a ser más cautelosos, prestar más atención y por ende evitar accidentes.  

La conclusión del libro es que ordenar no nos hace mejores, de hecho la diversidad y lo impredecible que es el caos aumentan la resiliencia, pues la vida misma es caótica e impredecible.

Mi conclusión es que todos los extremos son malos, ni muy ordenado, ni muy caótico, pero siempre con la mente abierta a explorar, investigar, aprender y desaprender para que nunca se agote nuestra fuente creativa.

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Lucía

 17 - 10 julio 2018.