El Cortis: Análisis de experiencia

Y así rapidísimo llegamos a la última semana de marzo, me siento súper señora diciéndolo pero it’s true: El tiempo va volando.  Quiero dos cosas con esta introducción, primero recordarles que a principio de año me planteé mis objetivos (pueden leerlos aquí) y que como hicimos el año pasado, cada trimestre voy a publicar un recuento del avance.  Eso toca la próxima semana. Se los cuento para que ustedes también piensen en sus objetivos y en su avance.

Lo segundo que quiero es contarles que, en el planning que hago cada mes para saber qué voy a publicar, dije que iba a analizar experiencias que me hubieran parecido buenas en el mes.  Este tipo de artículos siempre son súper bien recibidos en el blog. Toda esta hablada para decirles que un poco por accidente, la semana pasada fui al Cortis y que esto, más que un análisis, es una crónica y una recomendación.  

De una y antes de empezar,  les cuento la conclusión. Las experiencias de usuario pueden tener el poder de cambiar vidas, de tener impacto. No se trata solo de construcciones de marca, si las tomamos en serio pueden ser más profundas que eso y por ende mucho más poderosas.

Bueno, la cosa es que el miércoles pasado fue uno de esos días en la oficina.  Llegué a mi casa cargada de una energía no tan chiva y agotada. Había planeado salir con unas amigas que estaban por trabajo en CR pero me sentía embotada.  En eso me entra un mensaje de Eka preguntando si siempre estamos para hoy. Me devuelvo en los mensajes a ver a qué había dicho que sí y hay una nota en La Nación que no puedo leer por la restricción esa que tienen, pero dice algo de activistas de la felicidad.  Yo digo que sí, que ya casi llego y en mi cabeza voy un rato a eso, la felicidad me quita el estrés y luego me voy a los tragos. Que ilusa yo.

Pues resulta que me voy hacia la dirección acordada, no muy segura de a lo que iba, en mi cabeza era un bar, porque siempre es un bar, no? Y llego a esta casa, donde me saludan extraños súper amables y con abrazos. Me quito los zapatos, paso adelante y ahí me encuentro con Eka.


Me explican después que estoy en El Despertador, Escuela de Felicidad y que Shanti y Aisha, sus creadores y nuestros anfitriones se han dedicado a estudiar la felicidad y que esa noche, como todos los miércoles a las 8 pm, vamos a ser parte de El Cortis, que es una de sus activaciones más populares.  

El Cortis es una meditación guiada, que involucra una serie de actividades para despertar la felicidad que solo se encuentra en una parte: dentro de vos mismo.

Cada Cortis es planeado y estructurado en un guión por Shanti que nos dirige a través de la música por una serie de actividades que te preparan para dejarte livianito y contento (así me sentía yo al final).  Cada actividad tiene una explicación y base científica que la respalda.

Para mi es muy loco pensar en mi propia evolución, en como hace unos años (meses?) jamás hubiera participado de algo así: baile, respiración, gritos, hablar y abrazar extraños. Y sobre todo de lo que me estaba perdiendo.  De lo que se pierde la gente.

Cuando finalmente terminamos yo sentía que levitaba.  En mi cartera, guardada por allá, el teléfono explotaba de mensajes y llamadas.  En mi cabeza había pasado tal vez una hora (el tiempo vuela cuando se goza). Como si no hubiera sido ya suficiente, pasamos al comedor donde compartimos una sopa que esa noche era de papas, hongos e hinojo hecha por Aisha.  Esa sopa era como un abrazo.

Bueno, entre cuento y cuento, entré al Despertador a las 8 pm y salí muy pasadas las 11 de la noche.  Ni me di cuenta de lo que voló el tiempo. Obvio mi plan de tragos ya no aplicaba.

Lo más importante para mí de la experiencia fue vivir en carne propia esas frases “inspiracionales” que te encontrás ahora por todas partes: no podés encontrar afuera lo que vive adentro tuyo.  Todavía cuando me acuerdo floto un poco y cada vez que lo necesito, me acuerdo, respiro y sonrío.

Mañana hay Cortis de nuevo, y aunque yo estaré de viaje y me lo perderé, sería egoísta de mi parte no recomendárselos.  Me cuentan eso sí! Abrazo, Lucía

53 - 26 marzo 2019.


Lucia Rodriguez