Recuento de una década

Tengo tanto que decir, pero empezaré con un comentario clásico de señora, 10 años se pasan volando.  Pero más importante que eso, pasan muchísimas cosas en una década, para mí 2010 - 2019 ha sido transformadora en todas las formas posibles.  También ha sido la época más oscura y la más brillante y luminosa de mi vida. Definitivamente han sido 10 años polarizantes, emocionantes, esclarecedores.  

Se me ocurrió hacer este repaso, porque Trendwatching anunció el fin de semana que va a hacer una publicación sobre los aprendizajes e invenciones de la década de los 2010s que está por acabarse.  Me pareció un bonito ejercicio para poner en #perspectiva lo que ha pasado.  

Tengo que confesar que no fue un ejercicio fácil, para devolverme en el tiempo me fui a leer correos viejos, ver redes sociales, y leer cuadernos (siempre escribo lo que me pasa).  El domingo me devolví al 2010 y avancé hasta el 2015 y el lunes pasé todo el día con migraña, pero bueno, más allá de lo difícil, agradezco tener la oportunidad de aprender de los errores, de cambiar, de mejorar. 

El 2010 fue el año en que se fundó Instagram.  Mi primera foto la subí en 2012 y tuvo dos likes  ¿Se imaginan hoy la vida sin IG?  

En los últimos 10 años mi vida se rompió en mil pedazos, se construyó de nuevo, viajé por el mundo, conocí gente nueva, me despedí de gente que pensé que estaría toda la vida.  Hice daño, mucho daño, y estando ahí en lo más bajo empecé a reconstruir. 

En el 2010 tenía un año de casada. Siguiendo el libro de instrucciones que me dio la sociedad, tenía un trabajo que me pagaba un salario que no me alcanzaba, un estilo de vida que no podía pagar, y sueños que no necesariamente calzaban con el estilo de vida que estaba construyendo. 

A finales de 2012 vino la separación, luego el divorcio.  Fue mega doloroso revisitar los mails que tengo de mi familia, lo tristes y confundidos que estaban y lo enojada (que al parecer porque no me acuerdo mucho) estaba yo.  Como los veía a ellos sufrir, levanté paredes a mi alrededor para hacerme cargo sola de mis acciones, y según yo, aislarme para evitarles sufrimiento. No sé si era el mejor camino, pero hoy pienso que si no me hubiera aislado, tampoco hubiera descubierto qué era lo que YO QUERÍA, no lo que se esperaba de mí, no lo que alguien más quería para mí.  

De esa época solo puedo decir que estaba lejos de ser mi mejor versión.  Que hice sufrir a mucha gente y que sufrí muchísimo yo. Pero hoy también puedo decir que fue eso lo que me construyó, que la gente que se quedó cerca a pesar de los pesares es la gente que quiero tener alrededor siempre y que los que se fueron, cumplieron un papel importante (por el que estoy agradecida) y siguieron su camino.  

En paralelo al drama personal que vivía en esa época, también vino Red Bull.  No puedo dejar de pensar como un trabajo le puede cambiar a uno tanto la concepción del mundo.  Con Red Bull vino la abundancia, el abrir de ojos, conocer al mundo, entender que los límites me los ponía solo yo y que podía hacer lo que yo quisiera.  Literalmente me dio alas. Me dio alas, me dio amigos, me dio amores (no los mejores pero de esos otros también se aprende :P) y me dio experiencia, muchísima experiencia en ámbitos diferentes.


Mis años en Red Bull me enseñaron muchísimo profesionalmente, fueron una educación más grande que la universidad, y personalmente pusieron gente muy importante en mi camino. Con mis amigos RB entendí que no tenía que seguir una receta social para calzar, que podía ser todo lo que yo quisiera ser y que aunque para muchos podía ser un bicho raro, así me querían y así les aportaba. 

Los viajes, la fiesta, el tiempo a solas, aprender a liderar equipos, a controlar mi famoso carácter.  Irme a vivir a Panamá, regresar. Si hiciera una lista de lecciones aprendidas, esto se convertiría en un post eterno. 

Salir de Red Bull fue otra gran lección.  Entender que un trabajo, por más increíble que sea, no puede ser sinónimo de vida. Aprender a buscar una definición de Lucía fuera del trabajo (todavía en construcción) y pensar en mi existencia más allá de una empresa. 

Entonces vino Selina, con su encanto, su vida nómada y con todavía más multiculturalidad de la RB me había dado. Si los años allá fueron una maestría, el año en Selina fue un doctorado intensivo jaja.  Retos muy distintos, choques culturales, pero sobre todo, el placer de contribuir con un pedacito a una visión enorme que todos los días se sigue construyendo. 

Y finalmente, el último año y medio.  La aventura de emprender. Contrario a la vida del emprendedor, para mi esta ha sido una época de hacer pausa, después de tanta locura, tanto viaje, tanta responsabilidad.  Lo más importante que me ha dado este proyecto es las ganas de ser vulnerable, de bajar barreras, de compartir más que solo lo profesional. Y es siendo así, transparente donde más aprendo a encontrarme, a entenderme y a construirme. 

Uno de los descubrimientos más recientes que he hecho en lo laboral es que extraño ese rush corporativo, que quiero volver a las emociones fuertes y las responsabilidades grandes. Sin dejar de lado el blog o las sesiones de perspectiva de las que tanto aprendo todos los días. 

De la Lucía del 2010 queda muy poco, como escribí en algún lugar de este blog hace unos días, hay gente para la que seguiré siendo la malgeniuda aquella que recuerdan, pero yo de ella reconozco muy poco en mí.  La Lucía de hoy está todavía en construcción pero ha aprendido BASTANTE de las broncas en las que se ha metido y seguirá aprendiendo para siempre porque de eso se trata, no?

Ahora que lo pienso y que lo pongo por escrito, para mí que estos 10 años hayan sido así de convulsos solo es una buena señal.  Las cosas en movimiento y transformación tienen que ser definitivamente mejores que las estancadas. Así que para los siguientes 10 espero más revolución, más sabiduría y ojalá un poquito menos drama :P 

Abrazo, Lucía

70 - 30 de julio 2019